Me acercaba al teclado esta tarde con la intención de contaros mi desventurado encontronazo menstrual. Ayer me golpeó Inés con la fuerza de una apisonadora en la playa destruyendo seres que, ingenuos, esperaban tostar su piel con el sol. Pero más horrible que el dolor que sentí fue la desesperación que me sobrevino al ver que no quedaban compresas.
Mi madre, como todas las madres, siempre tiene soluciones económicas y me dio unas cuantas compresas que había guardado en una capsula del tiempo para las futuras mentruadoras. Menos mal que mi madre es super precabida, pensé. Y todo iba genial hasta hace dos minutos, cuando he ido al cajón donde había guardado la munición y lo he encontrado vacío. Llevaba horas sin cambiarme, días, quizás años con las mima compresa solo para asegurarme de que tendría suficientes hasta que mi padre pudiese comprar más. Pero....Queridas e inexistentes lectoras, mi hermana también está con la regla.
No tengáis hermanas.
Se despide, Menstruway.
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