miércoles, 12 de julio de 2017

Menstrualmente hablando

Como mi compañera Milkiway ha titulado a su entrada "Sincromenstruación", yo quería hacer la combinación de palabras al contrario. Cuán enorme ha sido mi sensación de tristeza al ver que "menstruación" y "sincronización" acaban de la misma forma.

Ayer me bajó la regla. Pensé en llevarme algunos tampones de reserva por si acaso, pero lo olvidé. Y oh, amigas, Inés me visitó en una cafetería, pillándome desprovista de todo utensilio necesario para estas ocasiones. Así que yo salí del baño dispuesta a llevarme a mi amigo del brazo en busca de una farmacia. Vi que estaba hablando con un señor desconocido, lo que no fue un impedimento para decirle que me encontraba inmersa en un mar de coágulos y desesperación, ya que hace un tiempo me encomendé la misión de normalizar la regla y no ir escondiéndome por los rincones como si lo que buscase fuera un escondite para enterrar a un bebé asesinado y no un tampón. Bueno, pues resulta que ese señor era el encargado de la cafetería al que él le estaba pidiendo trabajo. Me miró raro.

Emprendí mi caminata en soledad. Encontré la farmacia enseguida y pude ser feliz. Podéis dejar de preocuparos.

Y pues nada. Mi regla, tan abundante y tormentosa como siempre, acompañada por el calor infernal de Madrid, no ha cometido muchas trastadas por el momento ya que lleva poco tiempo acompañándome este ciclo. Pero ya se encargó el síndrome premenstrual de ocasionar en mí una serie de catastróficas desdichas emocionales y desórdenes hormonales que bien podría haber causado que mis seres queridos me retirasen la palabra de porvida por la bruja cascarrabias en la que me vi metamorfoseada.

Ahora estoy cansada y me quiero ir a dormir, pero tengo un problema. Un problema con las compresas.

Desde la última vez que escribí, allá por 2014, he desarrollado una fobia/odio hacia ellas. No puedo ponérmelas. Me siento encarcelada, encarcelada en un pañal empapado de un líquido caliente y espeso que sale de mí en pleno mes de julio en Madrid. Así que tengo que dormir con tampón. ¿Y qué pasa? Que no puedo llevarlo más de ocho horas seguidas. ¿Y qué pasa con eso? Que yo, por supuesto, duermo más de ocho horas. Me tengo que poner el despertador para que no se cree un ecosistema en mi vagina y no tener que ir al ginecólogo de urgencias. Eso es lo que pasa. Y no me gusta. No me gusta nada. Quiero que pase esta semana ya.

También me han pasado muchas cosas buenas, pero no las voy a contar porque este sitio fue concebido sola y únicamente como un contenedor para vomitar desgracias en él.

He escrito demasiado.

See you next month.




No hay comentarios:

Publicar un comentario